siguiendo las enseñanzas de Karlfried Graf Dürkcheim

SOBRE EL EJERCICIO DE MEDITACION ZEN

Junco KGDComo todo aquello que pertenece al ámbito de lo vivido, explicar qué es ZEN resulta prácticamente imposible. A mi entender, la tradición Zen es un arte, el arte de vivir, un estilo de vida, cuyo espíritu se nutre de la práctica de diversas disciplinas: Zazen (meditación en silencio), Ceremonia de té, Tiro con arco, Arte floral, etc.

 

La práctica más común es el ZAZEN, o dicho de otro modo, ejercicio meditativo en quietud y silencio. Consiste en sentarse, bien sostenidos sobre nuestra propia base, bien estables, en un buen contacto con el suelo, y desde esa actitud de arraigo, tender hacia lo alto, bien derechos, en una actitud de dignidad, de presencia; las manos recogidas y la mirada posada en el suelo, con los ojos entreabiertos.

 

Esta buena forma permite que todo nuestro cuerpo ocupe el lugar que le corresponde, sin encogimientos, sin tiranteces, lo que ya procura un bien-estar.

 

Otro aspecto del ejercicio, a tener siempre en cuenta, es el buscar, encontrar y mantener una buena tensión, que no sea crispación, ni tampoco disolución. Todo lo que vive, vive en una cierta tensión: pensemos, p.e., en el árbol: sin tensión (disolución), la Vida, la savia, no fluiría, con lo que perdería su forma; con un exceso de tensión (crispación), la vida se bloquearía, se troncharía, sin que tampoco pudiera prosperar. Y en cuanto al Universo, a la Vida, a lo Divino, se mueve siempre con las mismas leyes. Quien practica, pues, Zazen, se va sintiendo habitado por una fuerza, una vitalidad que le viene del fondo de su ser, y que no es dependiente de circunstancias, favorables o no.

 

Una tercera condición es el ejercitarse en la plena atención, para lo que es siempre aconsejable, y me atrevería a decir necesario, seguir una fórmula, siendo la más frecuente el acompañar la respiración, ese movimiento de Vida que va y viene, continuamente, incansablemente, y que cada vez es único. En quien así se ejercita, se va creando un silencio, profundo, silencio del fondo, silencio del Ser, un estado de silencio en que la multitud de contenidos de la conciencia: inquietudes, preocupaciones, de lo presente y de lo futuro, solicitaciones, temores, deseos, etc. que martillean constantemente nuestro pensar, se ordena y da paso a la vivencia de plenitud.

 

ZAZEN es una vivencia, es un camino, es un progresar, que va a la par de la maduración humana de quien lo practica. Para que así sea, se requiere perseverancia, y no siempre es fácil por las mil y una solicitudes del exterior y por los pretextos y protestas que se despiertan en nuestro interior; aun así, llega un momento en que forma parte de la vida de quien en ello se ejercita. ZAZEN es un buen compañero de vida.

 

Más pronto que tarde, de manera fugaz o de cierta duración en el tiempo, llega el día en que se hacen presentes momentos especiales, privilegiados, únicos, indescriptibles, en que un Algo de otro orden, que trasciende al hombre, y naturalmente, puede alcanzar. Y es, en general, algo muy simple. Quien esto vive, siente en sí la certeza de esa Plenitud, de ese Orden, de esa Unidad que brota del núcleo íntimo, sagrado, de su ser, y que abarca a la vez al Universo entero.

 

Esta vivencia conduce a un vivir diferente, sin tener por ello que cambiar de circunstancias. La postura del Zazen irá proporcionando asentamiento, estabilidad y peso, con un sentimiento de bienestar, solidez y arraigo que nos devuelve la confianza. Aprender a ganar y sostener una tensión justa entre lo espiritual y lo material, representado en nuestro “estar”, permite vivir de manera más adecuada las exigencias de lo interior y de lo exterior, procurando un sentimiento de libertad y orden interno.

 

El cuerpo cambia tomando su fuerza y su forma; la mente se hace más lúcida, pudiendo disponer de nuestra memoria y entendimiento en aquella medida que hayamos sido dotados; nuestra voluntad queda fortalecida.

 

Así, paso a paso, nos irá siendo posible vivir desde el Gran Centro, el del Corazón, con toda su grandeza.

 

CONCHA QUINTANA (c)